Artículo escrito a raíz de Black Mirror: White Bear (Oso Blanco);
AVISO: (Numerosos) SPOILERS
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Si hay algo verdaderamente peculiar en el género de la ciencia ficción es que todo, absolutamente todo, se puede crear si hay una buena razón -o incluso sin ella-. Denota la existencia de un abanico tan amplio de construcciones, mecanismos e ideas que no sería posible representar en una película que persigue ilustrar la realidad. Pero esa ausencia de límites sobre lo que crear en el género de la ciencia ficción es un arma de doble filo. Encontrar metáforas potentes y hacer que el género hable de actualidad mejor que cualquier drama social convencional es sinónimo de un cerebro en uso.
Charlie Brooker ha encontrado en Black Mirror un espacio muy potente para desarrollar de forma inventiva metáforas sobre la revolución digital. Lo más llamativo es que los capítulos no hablan específicamente sobre cómo las tecnologías alimentan la deshumanización, sino sobre cómo nosotros las hemos adaptado para satisfacer los más básicos -y en ocasiones retorcidos- instintos humanos. El resultado es que Brooker -también creador de la trepidante Dead Set-se ha convertido en un referente no sólo del imaginario televisivo británico sino del mundo occidental.

















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