sábado, 7 de abril de 2012

Editorial Pop: Cuestión de interfaces



Si hacemos unos cuantos viajes en el tiempo, comprobaremos que siempre han existido algunas personas más preparadas que otras para llevar a cabo cierta actividad.  Esto nos parece lógico: nuestra genética, procedencia, capacidad social…definen  indefectiblemente nuestras posibilidades. Yo soy yo y mi circunstancia, decía Ortega y Gasset.


Gran parte de nuestra circunstancia nos viene dada de serie, gran parte nos es impuesta y otra, quizá menor pero no por ello menos importante, nos la autoimponemos. Estas tres formas se interrelacionan de diversas maneras. Por ejemplo: tengo por genética poca capacidad atlética, así que desde pequeño soy torpe jugando a fútbol, mis compañeros me eligen siempre el último y pasados unos meses y quizá para toda la vida rechazo jugar, digo que no me gusta. Por lo general, es más difícil que nos motive lo que no entendemos o no se nos da bien que aquello en lo que destacamos.

Uno de los elementos impositivos más importantes es el lenguaje. Nuestra forma de ver el mundo depende en menor o mayor medida de su sintaxis, su semántica, los tonos que se emplean en la comunicación oral, etc. Asimismo, el lenguaje puede actuar como elemento autoimpositivo, que muchas veces funciona como forma de rebeldía: emplearé sólo tacos, usaré femenino plural, responderé a todo con un “sí, mamá, sí”. En definitiva, aunque haya elementos inherentes al lenguaje, podemos jugar con éste hasta el punto de constituir una contracultura, algo que ha sucedido continuamente a lo largo de la historia. Góngora escribía de una forma críptica para el vulgo, pero el propio vulgo tenía un lenguaje del que el poeta entendería la mitad.
Bien por Góngora. Y ahora, ¿qué? Desarrollamos gran parte de nuestra vida en entornos virtuales, en Internet. Esto es así y probablemente crezca progresivamente. La generación Blackberry es un indicativo de ello. En estos medios online empleamos distintos códigos visuales, auditivos, audiovisuales, escritos…pero en la mayoría de los casos, lo primordial es la palabra. O eso pensamos nosotros. La clave es que en Internet el canal por el que se transmiten los mensajes es más difícil de entender -y peligroso en cierto modo- que el aire, el papel o las ondas de radio.  
No vamos a remontarnos a 1969 ni abundar en datos históricos, nos centramos en el mundo actual. Una interfaz de usuario es aquello que nos permite comunicarnos con y a través de máquinas y delimita la manera de hacerlo. El teclado es una interfaz, el escritorio de Windows es una interfaz y lo que vemos de Facebook también. Si al teclado le falta una letra no podremos emplearla –aunque hay teclados virtuales-, si no tenemos papelera de reciclaje no podremos utilizarla si no tenemos un botón perfil no podremos entrar a verlo.

Al grano. Tras toda interfaz virtual hay un código informático que probablemente más del 99% de la gente no entienda. Y sí, tampoco la mayoría conocía ni conoce la composición del aire ni la dinámica de unas ondas de radio, pero aquí hay una diferencia: el aire o las ondas de radio no son creaciones humanas.
Progresivamente, las interfaces se simplifican y todos nos consideramos nativos o inmigrantes digitales, todos sabemos enviar correos como poco. Alguno, por intuición o por lo aprendido en el campo de batalla, se considera Community Manager. Pero de códigos, ni idea.
Creamos un código, el que servirá de base para el siglo XXI, y en ningún caso nos planteamos hacerlo accesible a todo el mundo. En vez de enseñar lenguaje escrito, ponemos un Yano Cuentacuentos que recite nuestras historias a  todo el mundo. Historias que solo escribimos unos cuantos. Ellos no entienden nuestro lenguaje, nosotros el suyo siempre. Y así, nos pongamos como nos pongamos, no habrá contracultura.

Yano Cuenta y Canta conmigo: el enemigo
<<Los pobres del mundo, los nuevos y los viejos, los de toda la vida y los producidos por ordenador, apenas reconocerían su situación desesperada en medio de todo este folclore>>

Zygmunt Bauman


Roberto Gil García @robergilgarcia

2 comentarios:

  1. Cualquiera que se meta con Yano Cuentacuentos es digno de encontrarse con un obstáculo, mi puño en su cara. Afortunadamente, esta es la excepción que confirma la regla.
    Qué inspiración y derroche de ideas.
    Y desde luego hay interfaces chapuceras, muy chapuceras de las que todas, TODAS deberíamos aprender. http://www.laflecha.net/canales/ciencia/200407262

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  2. Estoy emocionado con esa página, de la que no había escuchado hablar nunca. Qué diseño, qué contenidos. Eso sí, mil veces más comentarios que esta entrada, algo tendrá.
    Un beso a todas mis lectoras.

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